Con alguien debatí que el tiempo es relativo, no llegamos a ningún acuerdo. Lo que no es relativo es que el tiempo es un cabrón que nunca juega a nuestro favor.

 Mi corazón va a estallar, la corriente de tiempo fluye demasiado rápido como para que mis arterias aguanten tal presión. Mi cerebro se fundirá cuando el tiempo y sus movimientos inesperados aplasten mis neuronas sin compasión.

El tiempo aniquila hoy mis sentidos, crea tantas sensaciones a la vez que se me hace imposible e insufrible soportarlas. Estoy apunto de sufrir un fallo multiorgánico. Necesito un lavado de estómago, necesito que las mil mariposas traviesas de mi personal metamorfosis se calmen y dejen de moverse. Necesito un analgésico, mi propia droga, la palabra.

 

Este barco inestable e imposible de parar pues el caudal de una gran ciudad le desvía constantemente de su rumbo, me provoca un mareo que quiero parar, necesito echar el ancla y poder vencer la necesidad de seguir moviéndome, pero en el fondo me gusta.

 

Amo la movilidad, descubrir cuantos recovecos hay en mi camino, pero sin embargo la ceguera que me provoca el ajetreo de mi vida impiden ver mi senda. El tiempo y esa velocidad que de repente he cogido al caminar y que intento detener pues el movimiento de Madrid ha contagiado mis piernas que ahora ya no saben frenar, no me dejan disfrutar de nada.

 

Mañana despertaré con un vago de recuerdo de todo cuanto viví ayer que quedará ahogado en lo que haré hoy y desaparecerá en aquel cajón desastre e inútil, pues en mi caso no hay dos situaciones iguales, que  se llama experiencia.

Tiempo ya me cansé de ser tu muñeca, ahora seré yo quién decida el ritmo de mi vida. Estaré preparada para el bipolarismo que supone las vueltas que le das a la vida.Ya no te impondrás mas en mi camino, me interpondré yo entre tus obstaculos y mi senda para así poder seguirla. Ya no jugaré a eso de que para valorar cuanto tengo he de perderlo y que solo me quede recordarlo.