De vez en cuando hayo un rayo de positividad en mi real negatividad, real poque existe y porque está basada en hechos reales, y mi mente piensa mas allá de mi circularidad. Quizás y posiblemente, analizando el universo en el que giro sin saber concretamente en torno a que, me doy cuenta de que mi propia insensibilidad y la que nos caracteriza no es culpa nuestra, sino de que no hay nada que sentir.

No siento, no entiendo, soy apática y una desesperanzada más. Es posible  que sólo haya que sentir una vez por millón de personas, quizás es que no hay diccionarios que me traduzcan el lenguaje unánime que se habla y del que permanezco y permaneceré al margen, quizás mi apatía sea un correcto escudo ante todo cuanto merece despertar indiferencia y obviamente hay desesperanza ante lo que existe, no ante lo que pretendo construir.

"Sin dar la vuelta, circular, sin renunciar a lo que he sido, seré lo que quiero ser", puedo plantear la circularidad también como algo positivo, pues realmente mi circuito está mejor roto que contaminado y atiende a quién quiero ser.

Me sentí no humana adaptandome  insensiblemente a situaciones como si de un robot me tratara, por permanecer siempre al margen, por sonreir constantemente descubriendo posteriormente que la ignorancia es el mejor estado. Pero sólo soy una consecuencia más del mundo que me ha tocado vivir.

Leo y escucho con respeto las opiniones de que las nuevas generaciones somos reflejo de la fortuna, no carecemos de nada y la facilidad nos arropa.  Un ejemplo más de la circularidad de la vida, la fortuna completa se convierte en la peor desgracia pues nada existe que nos safisfaga conseguir.

Siento a mi manera y con personalidad y orgullo de hacerlo así, pero evito mostrarlo ante la pisoteadora realidad; respondo a la hipocresía del quiero y no puedo y del soy quien aborrezco con un faro de guía que pocos parecen entender y que con nadie comparto de momento, pues los tesoros no se comparten con cualquiera.