Como en un trágico divorcio, como cuando uno de los miembros de la familia desparece, se fuga, se pierde porque ha decidido que ya no vale la pena, como cuando un niño sale de un centro de acogida y se le lleva con una nueva familia que intenta facilitarle la vida y que deje atrás el pasado. Cuando el nuevo hogar sustituye al anterior, lo eclipsa porque es tan dulce y bonito, tan protector que no caben daños posibles para el pobre crío que embargado en la emoción sonrie dejándose llevar por los que le rodean, le aponyan y le valoran haciendole sentir mejor.
Sin embargo, cuando el niño consigue estar dos minutos solo, cuando sale de ese círculo de protección que le ampara y le vela dia y noche, cuando aparca el nuevo juguete que tanto le ha entusiasmado estos primeros días pero cuyas pilas parecen estar acabándose, vuelven esos flashes con momentos especiales,caras, gestos, expresiones. El pasado vuelve haciendole recordar que dejó una familia atrás, que ya tiene otra nueva, quizás mejor. La suerte está de su lado porque no se encuentra solo, porque tuvo un bastón de apoyo en la transicion del antes al ahora, pero sin embargo niño ambicioso él, considera que podría ser mas afortunado si cabe si su vida contara con las dos familias. Aprecia y valora el ahora, pero añora con todas sus fuerzas el antes, que no era sano, no era lo mejor. Pero era su familia. Este niño no se dejó llevar por las circustancias, este niño eligió su destino.
A veces romper circularidades, creerse protagonista de novela de caballerias, princesa de cuento y culebrón, insensible, fuerte es la inflexión entre querer y ser. Y en el proceso de querer conseguir algo y conseguirlo aparecen fotos que remueven y destruyen el proyecto que se ha decidido crear.

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